CRG: una visión científica de la lectura

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Recomiendo leer

La lectura es un proceso tan complejo y multifacético que es difícil de estudiar, así que hay que descomponerlo en sus componentes: descodificación, síntesis del fonema, reconocimiento de palabras, comprensión lectora, fluidez lectora…

Cuando hablamos de aprender a leer, tenemos que recordar que no se trata de lo mismo que aprender a hablar (de eso ya hablamos en esta entrada: https://investigaciondocente.com/2021/02/12/aprendizajes-biologicos-primarios-y-secundarios/) así que mostrar buenísimos libros a nuestros hijos o alumnos no es suficiente. Por ejemplo, en este interesante estudio los niños pasaron más de 20 veces más tiempo mirando los dibujos que las letras de los cuentos. No se lee naturalmente (Ann Evans et al., 2005 What children are looking at during shared storybook reading). 

Sin duda, un entorno en el que se lee ayudará mucho, igual que escuchan conversaciones con amplio vocabulario. Sin embargo, la lectura requiere de una instrucción explícita para aprender a leer, y sobre todo, para aprender leyendo. 

Una de las cuestiones más importante sobre la enseñanza de la lectura es el controvertido tema de la fonética, lo que ha dado lugar a las llamadas “phonic wars” donde se discute el mejor método de enseñanza de la lectura. Maryanne Woolf sintetiza lo que sabemos acerca de esto así:

Décadas de investigación en el desarrollo del aspecto fonológico del lenguaje indica que el juego sistemático son rimas y sonidos en canciones, bromas y acertijos contribuyen significativamente a aprender a leer. Enseñar a un niño a disfrutar de la poesía y la música es muy serio.

La fase fundamental es aprender que las letras se traducen en sonidos, siendo esta tarea lo que fomenta la “conciencia fonológica”. Y para hacer esto necesitamos enseñanza explícita de la lectura, que es: “de ayuda para todos, dañino para ninguno, y crucial para alguno”. 

Sin embargo, esta enseñanza de los fonemas será insuficiente si queremos convertir a todos y todas en lectores expertos. En realidad, basta con 20-30 minutos de cada día en los primeros cursos de primaria. Lo que sucede fuera y dentro de la escuela en relación a la lectura será igualmente importante. Sabemos que leer con un adulto habitualmente es una estrategia excelente para fomentar el hábito por la lectura (Mol et al. 2008 Added value of dialogic parent-child book readings). Recitar poesía, cantar y hablar también apoyan a la lectura, aunque por sí mismos se muestran insuficientes.

Leer rápido o leer con fluidez

Nuestra experiencia personal como lectores puede engañarnos en esto de la ciencia de la lectura (como en otros casos). Sólo poniendo a prueba nuestras verdades establecidas y cuestionando nuestras creencias personales podremos aprender lo que todo docente necesita saber sobre el complejo acto de leer. 

Uno de los mitos sobre la lectura que debemos desmontar es la afirmación de que lo importancia es la “lectura rápida”. Como en todos los mitos o creencias erróneas, hay granos de verdad en los que algunos comerciales han asentado métodos de dudosa eficacia. 

Intenta responder a esta pregunta: ¿Cuántos animales metió Moisés en el Arca? Este es un buen ejemplo de que la sola noción de lectura rápida es problemática y no ofrece lo que verdaderamente deseamos en nuestros alumnos como lectores. La tasa de lectura habitual es de 240 palabras por minuto. Si quieres, puedes echar un vistazo a 2000 palabras por minuto (pasando los ojos rápidamente sobre ellas, incluso llegarás a decodificar parte de su significado. Pero no podrás llegar a comprender totalmente lo que has leído, a no ser que se trate de un texto extremadamente fácil o que ya conoces. 

Quigley afirma que cuando lees a más de 240 palabras por minuto, no estás leyendo realmente. Lo que haces es “skimming”, pasar rozando. O lo que es lo mismo, leer rápidamente para quedarte con una idea general de lo que se lee, o escanear para encontrar una parte concreta de información. Estas estrategias son muy útiles en el aprendizaje, pero no consiguen una comprensión profunda de textos complejos o muy largos. ¿Cuál es la velocidad más alta que se ha conseguido, con comprensión total del texto? Más o menos unas 600 palabras por minuto.

Por todo lo que hemos dicho hasta ahora, necesitamos comprender las diferencias sutiles entre leer rápidamente y leer con fluidez. La fluidez lectura se refiere a no tener que de…co… dificar… lenta… mente… los so…ni…dos individuales porque las palabras se reconocer automáticamente. Esto libera capacidad de la memoria de trabajo para comprender lo que se está leyendo. En lugar de promover la lectura rápida, deberíamos procurar la fluidez lectora en nuestras clases.

La fluidez lectora es fácil de describir cuando escuchamos a nuestros alumnos leyendo en alto en clase. La fluidez permite también incluir elementos de entonación, volumen y pausa que se ajustan a lo que se está leyendo. Una buena herramienta para evaluar este aspecto es la rúbrica que os incluyo aquí:

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Expresión y volumenLa lectura no suena natural, y el tono es suave porque cuesta pronunciar cada palabra.La lectura suena natural a veces, y el volumen sigue siendo bajo.Lee con suficiente volumen y expresión, aunque a veces lee sin expresividad.Lee con un volumen y expresividad variada, adaptándose a lo que se está leyendo.
FraseadoLee palabra por palabra de forma monótona.Lee en bloques dos o tres palabras, sin respetar la puntuación y la entonación.Lee con una mezcla de frases completas y medias frases.Lee frases completas respetando la puntuación, el énfasis y la entonación
FluidezA menudo duda mientars lee, repitiendo alfuna palabra. Intenta varias veces leer el mismo trozo de texto.Lee con pausas o dudas, y muchas dificultades puntuales en palabras o frases.Lee con algunas pausas en el ritmo, y con dificultades puntuales en palabras o frases.Lee fluidamente con alguna pausa, pero se autocorrige en las palabras más complejas.
RitmoLee despacio y con dificultad.Lee moderadamente despacio.Lee con un ritmo inapropiado.Lee con un ritmo similar a una conversación.

El papel del docente para generar un andamiaje que logre fluidez lectora es clave. Sabemos que para que una persona lea un texto de forma autónoma, necesita reconocer con un 95% de precisión las palabras (https://www.readingrockets.org/article/fluency-instructional-guidelines-and-student-activities). A medida que la persona necesita concentrarse en reconocer palabras que desconoce, su capacidad para comprender el texto disminuye. Por eso la cantidad de vocabulario se relaciona con la comprensión lectora.

Otro mito que se desmonta

No leemos tan fluidamente como pensamos. La aparente fluidez de un lector experto oculta una verdad un tanto diferente. El estudio del movimiento de ojos revela que, a medida que leemos, los ojos van realizando saltos rápidos llamados movimientos sacádicos, que duran de 20 a 40 milisegundos, y que se intercalan con pequeñas pausas en letras y palabras concretas. Estas pausas se llaman fijaciones y duran entre 200 y 250 milisegundos.

Lo interesante es que los lectores novatos presentan muchas más fijaciones, porque tienen que pausar para reconocer las palabras, oraciones y frases completas. Sus movimientos sacádicos además vuelven para atrás (regresiones) con frecuencia, a las palabras con las que han tenido dificultad. Cuando peor se lee, más regresiones ocurren. 

Este estudio de los movimientos oculares durante la lectura ayuda a describir las barreras que presentan los alumnos en las primeras fases de la lectura. Sin embargo, es importante recalcar que los movimientos oculares no se consideran las causas de los problemas de lectura. Más bien al contrario, lo que indican son barreras a la fluidez lectora. De media, las fijaciones mejoran entre los 8 y los 10 años de edad, llegando a una media parecida a los adultos a los 11 años. En estos años es esencial la práctica frecuente de la lectura. A medida que se lee más, la duración de cada fijación disminuye, los movimientos sacádicos se hacen más rápidos y hay menos regresiones.

¿Necesitamos entonces, como docentes, promover ejercicios oculares? No, no hay ejercicios oculares que se hayan demostrado eficaces para promover la fluidez lectura. La única respuesta entonces es fomentar la lectura. Necesitamos promover el proceso “autodidacta” en el que se busquen nuevas y más desafiantes lecturas, en función de lo que nos interesa leer. Libros accesibles pero desafiantes que enganchen a la lectura.

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