Evaluación Formativa V: los estudiantes como dueños de su propio aprendizaje

Recomiendo leer

Una idea poderosa

En la introducción a su libro Guitarra, Dan Morgan (1965) escribe: “Nadie puede enseñarte a tocar la guitarra\”. Es una afirmación sorprendente, porque el subtítulo del libro dice: “El libro que te enseña todo lo que necesitas saber para tocar la guitarra”. Sin embargo, Morgan completa: “Nadie puede enseñarte a tocar la guitarra, pero puede ayudarte a aprender”.

Dylan Wiliam defiende esta idea: sólo los alumnos y alumnas pueden aprender. Por mucho que los profesores intentemos mucho y muy duro, sólo ellos pueden realizar el proceso. En este capítulo el autor revisa las evidencias a favor de involucrar más a los estudiantes en su aprendizaje y cómo activándolos como dueños de ese aprendizaje mejoran sus resultados.

Una aclaración importante…

…si los alumnos pueden o no evaluarse a ellos mismos para una evaluación sumativa (es decir, una calificación final) es completamente irrelevante para este capítulo y, por tanto, esta entrada. Una vez más, lo importante es el aprendizaje: si los alumnos pueden profundizar lo suficiente en su propio aprendizaje para que lo mejoren.

Auto-testearse

En 2013, un grupo de cinco psicólogos educativos americanos investigaron los hallazgos de la psicología referentes a los estudiantes mejorando su propio aprendizaje (Dunlosky, Rawson, Marsh, Nathan and Willingham, 2013). Restringieron su investigación a técnicas que los estudiantes pudieran usar por sí solos para mejorar su aprendizaje, sin la necesidad de tecnología alguna o guía por un profesor. Concluyeron que las técnicas más comunes eran:

  1. Interrogación elaborativa: generando una explicación a por qué un concepto o una idea establecida es cierta. 
  2. Auto-explicación: explicando cómo información nueva se relaciona con el conocimiento previo, o explicar los pasos para la resolución de un problema.
  3. Resúmenes: elaboración de resúmenes de longitud variable (esto lo hemos usado casi todos)
  4. Subrayado: marcando las partes importantes mientras se leen (esto también es bastante común)
  5. Reglas mnemotécnicas con palabras clave: formando reglas mentales para asociar materiales verbales.
  6. Asociación de imágenes a texto: intentando formar imágenes mentales asociadas a texto mientras se está leyendo este mismo texto
  7. Relectura: reestudiando después de una primera lectura
  8. Práctica de tests: haciendo tests sobre lo que se tiene que aprender
  9. Práctica distribuida: implementando un plan que permita distribuir la práctica y el estudio a lo largo del tiempo
  10. Práctica intercalada: practicando distintos tipos de problemas o distintas áreas, o distinto tipo de material, dentro de una sesión.

Después de una revisión extensa de las evidencias de cada una de estas técnicas (su revisión abarcaba cerca de 400 estudios), concluyeron que para 5 de las técnicas la evidencia de su eficacia era mínima. Os proponemos el ejercicio de pensar, ¿qué técnicas recomendáis más a menudo a vuestros estudiantes? Y ahora… ¿qué técnicas pensáis que son las menos eficientes?

Las 5 técnicas con la eficacia más baja eran: la elaboración de resúmenes, el subrayado, las reglas mnemotécnicas, la asociación de imágenes y la relectura. ¿Sorprendidos? ¿Son acaso las que más usamos? El subrayado presenta una gran desventaja: es eficaz si el que subraya cuenta con unos conocimientos previos que le permiten saber qué subrayar. Es más eficaz cuanto más acierto lo que puede ser importante y lo que no. Aquellos alumnos con mayores dificultades van a tener muy difícil acertar con el criterio de selección de lo que es importante. Muchas veces nos encontramos con alumnos o alumnas que subrayan todo, o que subrayan al azar. 

Tres técnicas recibieron una puntuación moderada, sobre la base de que funcionaban la mayor parte de las veces, pero no todas las veces: la interrogación elaborativa, la auto-explicación y las práctica intercalada.

Y los ganadores… dos técnicas recibieron la puntuación más alta porque eran efectivas en alumnos y alumnas de diferentes edades y habilidades; hay abundantes evidencias de que funcionan en todos los contextos educativos, y además elevaban el rendimiento en tareas de muy distinto tipo: la práctica de tests y la práctica distribuida. La práctica de test ayuda a los alumnos a recuperar cosas de su memoria (algo que también decía Tom Sherrington en su libro, ya comentado), y por tanto aumenta la memoria a largo plazo. Además, cuando la práctica es distribuida (por ejemplo, cuando se preguntan a sí mismos algo después de un tiempo de haberlo estudiado), el esfuerzo que hace la memoria para recuperarlo será mayor y por tanto habrá un impacto mayor en su retención a largo plazo.

Dylan Wiliam nos advierte de nuevo: proponer los tests como herramienta no significa que sirvan para poner un número en nuestro cuaderno de notas, sirven porque aumenta su retención en la memoria a largo plazo. Dicho de otra manera: la mejor persona para corregir un test es la persona que lo ha hecho. Los tests no deben estar ligados a una nota, son eficacez herramientas de estudio.

Conclusión

Animemos por tanto a nuestros estudiantes a utilizar las técnicas de auto-aprendizaje que más eficacia tienen según 400 publicaciones científicas. Enseñemos también cómo funciona la memoria y la base científica de estas estrategias. Y, por último, no perdamos de vista que son estrategias que incrementan el aprendizaje, el fin último de la evaluación formativa.

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