Curriculum. Generando arquitectura intelectual mediante la palabra.

Recomiendo leer

Herramientas del currículum

En esta entrada comentaremos algunas de las herramientas que Mary Myatt propone como esenciales al currículum. En concreto, hablaremos de: cuestionamiento, arquitectura intelectual, organización del conocimiento y la importancia vocabulario.

Cuestionamiento: hacer(se) preguntas

Una de las maneras más potentes de empezar el contenido del currículum es a través de preguntas. Enmarcar el currículum de esta forma es una manera de elevar la mirada sobre el simple cubrir el expediente y enfocar las ideas y conceptos clave, que queremos que nuestros alumnos comprendan profundamente. El trabajo de D.T. Willingham sobre la memoria a largo plazo debería estar en el corazón de nuestra planificación del currículum y cómo lo desenvolvemos cada día. Por eso, es fundamental formular buenas preguntas que sean el puente entre la memoria de trabajo (donde está lo que se está aprendiendo ahora) y la memoria a largo plazo. 
 
Además de eso, las preguntas también ayudan a enfocar el propósito, como dijimos en nuestra primera entrada. Esto es así porque para hacerlas tenemos que pensar en cuál es el núcleo de lo que queremos enseñar. Como docente tengo que preguntarme: ¿Cuál es el punto clave aquí? ¿Qué es esto que necesitan comprender ahora y sin lo cual tendrán serias dificultades más adelante?
 
Por otra parte, las preguntas también suponen una manera de obtener información sobre lo que nuestros estudiantes comprenden, como hablamos en las entradas dedicadas al feedback (las podéis leer aquí). La autora nos propone pensar la famosa Taxonomía de Bloom como preguntas en orden de profundidad, con el buen conocimiento como base para poder empezar. Cuando hacemos esto, secuenciamos el tipo de preguntas en orden de complejidad hasta acabar en aquellas que plantean mayor desafío cognitivo a los alumnos.
 
Estas preguntas deben elaborarse en un trabajo grupal del claustro o departamento, pensando en una especie de \”guía\” sobre los objetivos de aprendizaje. Las preguntas deben ser revisadas y reutilizadas de cuando en cuando, porque con la práctica se alcanza la competencia. Y la competencia solo puede referirse a la memoria a largo plazo. 
 
Las preguntas deben ser desafiantes, pero de bajo nivel de estrés. Es decir, que aceptamos el error como una forma de mejora. No son el final del camino, sino el proceso. Estamos hechos para engancharnos a lo que pica nuestra curiosidad. No queremos decir que el currículum deba adaptarse a los intereses percibidos de los alumnos, sino que hay un placer intrínseco en resolver bien un problema o ganar conocimiento en un área. Podéis leer más en otro libro de la autora: “High Challenge Low Threat”, algo así como “Desafío grande, pequeña amenaza”.

Arquitectura intelectual

David Allan Coe dice: No es la belleza de un edificio a lo que debes mirar; es la construcción de los cimientos que perdurarán en el tiempo
 
Si el propósito de un currículum es que los alumnos y alumnas comprendan cosas en profundidad, esto es difícil de conseguir si se les presenta muchísima información sin una estructura organizada. Por tanto prestemos atención a la estructura conceptual, a cómo la nueva información de diferentes contextos se relaciona con las ideas clave y hace que los estudiantes les encuentren sentido.
 
Avanzar en el currículum no debe valorarse más que comprobar si los alumnos comprenden lo que están haciendo, por qué es importante y cómo encaja en las otras cosas que han aprendido o van a aprender. Asegurar la comprensión de las ideas básicas permite luego avanzar más rápido. Por eso la autora utiliza un concepto que ya hemos visto en el blog, la enseñanza receptiva. Podéis leer algunas entradas anteriores aquí.
 
Otro aspecto interesante a considerar son los estímulos, que deben usarse para estimular el pensamiento, no como una táctica de divertimento o para pasar el rato. Por eso deben seleccionar cuidadosamente aquellos estímulos que promueven formular preguntas y construir una organización correcta de las ideas. 
 
Por ejemplo, un recurso infrautilizado es el uso de fotografías. Al inicio de una sesión, pueden hacerser preguntas de \”gran desafío pero poca amenaza\”. El desafío es interpretar la imagen desde su superficialidad hasta el significado profundo. Hay poca amenaza, porque cualquier respuesta que es honesta es apropiada. A través de esta sencilla propuesta, se les ofrece un material que supone un desafío cognitivo y les ayuda a hacer conexiones, a expresar su propias ideas y por tanto consolidando su conocimiento a largo plazo.

Organizadores de conocimiento

Los organizadores de conocimiento fueron desarrollados por Joe Kirby (artículo del propio autor aquí) y son documentos que en una cara de un folio expresan la información clave: fechas, vocabulario, esquemas, etc. de un tema. 
 
Es un resumen de lo esencial para poder comprender lo que vamos a trabajar sobre ese tema. El auténtico poder de los organizadores de conocimiento es que nos hace pensar, a los docentes, sobre lo que vamos a enseñar. ¿Cuáles son las ideas fundamentales de esta unidad? ¿Cuál es la terminología que se va a utilizar? ¿Cuáles son los mejores ejemplos y modelos? 
 
También se añaden el beneficio de la simplicidad y la honestidad, ya que marcan el mapa de lo que no es negociable, como los contenidos mínimos. Sobre los organizadores de conocimiento es preciso resaltar que van muy vinculados al \”testing effect\”, es decir, al beneficio de hacer tests para la memoria a largo plazo. No para calificar, sino para estudiar. Realizados de manera constante, permiten a los estudiantes visualizar su progreso. Esto, además de ser muy satisfactorio, ayuda a mejorar la confianza porque significa que es posible perseverar e ir mejorando lo que van comprendiendo. 
 
El problema de los organizadores de conocimiento, advierte Mary Myatt, es que no son un fin en sí mismo. No son algo con lo que empezar un tema, ni un recurso didáctico en sí. Shaun Allison, cuyo libro hemos comentado aquí, establece reuniones quincenales para discutir cómo desarrollar las clases los siguientes quince días en base a estas herramientas. 

Vocabulario

Ayudar deliberadamente a adquirir el vocabulario necesario en un tema es una de las cosas más importantes que podemos hacer como docentes. Es importante por diversas razones. La primera es que si de verdad queremos amortiguar las desigualdades entre los alumnos que vienen de contextos con vocabulario extenso y aquellos que no, necesitamos prestar una atención cuidadosa a este asunto. La segunda es que se trata de una profundización y extensión del conocimiento. Un vocabulario rico mejora una entrevista, permite aclarar lo que uno quiere decir y escribir, y por tanto es un derecho de todos los niños y niñas que pisan nuestras aulas.
 
Laura Robb, una investigadora estadounidense, realizó una encuesta a docentes de ese país y descubrió que la mayoría pensaban que mejorar el vocabulario era fundamental, especialmente para alumnos de contextos desfavorecidos. Sin embargo, también descubrió que el tiempo dedicado a ello era esporádico. Hay aquí, según la autora, la creencia de que la mera exposición es suficiente. Puede ser que sea así en algunos casos, pero necesitamos que las palabras importantes se enseñen explícitamente a todos. Si no existe el peligro de que alguno se quede fuera.
 
Hay otras evidencias que nos dicen que enseñar previamente vocabulario tiene enormes beneficios, porque leer sobre un tema nuevo sin conocimiento previo ni vocabulario para entenderlo es frustrante y desmotivador. Hay que identificar las palabras, incluyendo el contexto y ejemplos de lo que se van a encontrar.
 
¿Cuáles son entonces esas palabras? Isobel Beck, Margaret McKeown y Linda Kucan establecen un sistema de rondas para identificar el vocabulario necesario. En la primera ronda hay aproximadamente 5500 palabras que son frecuentes y que no necesitan enseñarse porque son comunes en la vida diaria. En la segunda ronda hay palabras genéricas entre diversas materias, como: analizar, complejo, clarificar, hipótesis. En la tercera ronda hay palabras específicas como: fotosíntesis, infante, soneto, civilización. Para las palabras de la segunda ronda, las autoras de este estudio recomiendan realizar lecturas en clase identificando estas palabras y luego haciendo un poco de actividad específica sobre ellas. Recomiendan que en lugar de usar el diccionario, utilicen sus propias palabras y escriban ejemplos aplicados a diferentes contextos. Como dice Katie Ashford, las palabras que tendrán el mayor impacto en el vocabulario de un niño sin palabras que ves frecuentemente en los libros pero rara vez escuchas en una conversación.

Defendemos por tanto que el currículum debe explícitamente luchar contra las desigualdades entre los niños con un vocabulario rico y extenso, y aquellos que no lo tienen. El uso del diccionario no es recomendable porque las definiciones a veces son vagas y abstractas, por lo que acentúan estas diferencias. Emplear tiempo en enseñar el vocabulario se convierte, como conclusión, en algo fundamental.

Conclusión

Si el propósito del diseño curricular es asegurar que todos los alumnos y alumnas tienen acceso a un conocimiento amplio y profundo, una de las maneras más concretas de hacer esto es exponerles a la terminología específica de un parte del conocimiento. Todos tienen el derecho a recibir esta exposición a un vocabulario rico, incluyendo de dónde vienen esas palabras. Si no estamos preparados para hacerlo, entonces les estamos denegando la posibilidad de entrar por completo en el mundo académico.

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