Estrategias TLR: El tronco o cómo estructurar el conocimiento

Recomiendo leer

El tronco / La estructura de conocimiento

Cuidando nuestro tronco

Como hemos explicado anteriormente, para Tom Sherrington en conocimiento es una parte fundamental de la enseñanza. Es también un requisito previo para generar la creatividad y la innovación que, en nuestra metáfora del árbol, se encuentran en las hojas. Sobre el conocimiento se sustentan todas estas posibilidades. De hecho, el autor defiende en esta presentación de estrategias que dediquemos el 80% (aproximado y variable, claro está) a cuidar las raíces y el tronco y el 20% a explorar nuevas posibilidades. 

Explica, modeliza, practica, cuestiona, aporta feedback y evalúa

  1. Explicación. Una cita atribuida a Einstein dice así: “si no puedes explicar algo de manera simple es que no lo entiendes lo suficiente”. Esto implica dos cosas: por un lado, hacer que los alumnos expliquen algo es una de las mejores maneras de comprobar si lo entienden. Por otro lado, los departamentos deberían dedicar tiempo a decidir cómo van a explicar los conceptos más complejos, y compartiendo cómo los van a trabajar. 
  2. Modelización y metacognición. A menudo los profesores no realizamos las tareas que pedimos a nuestros estudiantes, especialmente cuando implican escribir mucho. Pero una buena manera de enseñar a alguien es precisamente que te vea hacerlo. De este modo, podemos mostrar a nuestros alumnos cómo redactamos, generando un modelo de lo que queremos que ha sido desplegado sobre la marcha. La metacognición es convertir los procesos de pensamiento en algo explícito para tus alumnos, de forma que los desmitifiquen. Si juntamos ambas estrategias, por ejemplo: “ahora estoy pensando en una forma de concluir esta idea, voy a escribir un punto y aparte y resumirla en el último párrafo de tres líneas”. Igual que un ebanista con su aprendiz, estoy modelizando y haciendo explícito lo que pienso cuando respondo una pregunta.
  3. Chequeando la comprensión: debes comprobar regularmente la comprensión de todos tus alumnos. La pregunta de ¿todo el mundo ha entendido esto? es un engaño, porque la experiencia del autor (y la mía propia) es que hay un asentimiento tácito que no permite asegurar que todos lo hayan comprendido.
  4. Prueba, mediante preguntas, mirando a los ojos a tus alumnos. Por ejemplo: ¿Qué te hace decir eso? ¿Hay un modo diferente de decir esto? ¿Qué pasa si lo hacemos mayor o menor? ¿Cuál es la idea que une estos temas? Y así sucesivamente. Como ya hemos dicho antes, afirmar menos y preguntar más.
  5. Practica el diálogo. Robin Alexander propone en su libro Towards Dialogic Teaching algunas ideas que podéis encontrar también en este enlace. En este estudio se concluye que un diálogo efectivo tiene las siguientes características: implica razonamiento, hacer hipótesis y pensar en alto; necesita ser suficientemente duradero para tener un impacto, tiene que incluir un tiempo de espera de unos cinco minutos (también para el profesor) y es mejor con grupos de 3-5 estudiantes, por ejemplo después de una presentación del grupo.
  6. Piensa, pareja, comparte. Cada vez que preguntes una cosa, pide a los estudiantes que piensen primero, luego compartan en parejas y por último hablen para toda la clase. En el fondo, se trata de una estrategia que trabaja los tres mundo de Graham Nuthall que vimos en nuestras primeras entradas: pensamiento interno, pensamiento entre iguales y pensamiento guiado por el profesor.
  7. Respuesta de toda la clase. Tom Sherrington es uno de los varios autores que no está muy convencido de la estrategia de levantar la mano, porque argumenta que de esa forma el feedback siempre es recibido por los mismos alumnos. Por tanto, defiende todas las técnica que nos permitan recoger las respuestas de todos los alumnos de la clase de una sola vez, de forma que todos se vean obligados a contestar. Ya sea con mini pizarras, negras o blancas, o simplemente con los dedos de la mano (por ejemplo Verdadera pulgar hacia arriba o Falso pulgar hacia abajo, o levantando los dedos de la respuesta correcta). De esta forma obtenemos un mapa general de cuántos responden bien o lo entienden.
  8. Bisagras de respuesta múltiple. Complementa a la anterior. Como no podemos estar todo el tiempo preguntando a toda la clase, hay que elegir bien el momento de preguntar. El autor propone preguntas “bisagra”, entre dos conceptos o actividades, de forma que para pasar de una a otra tengamos antes que preguntar a toda la clase algo referido a la actividad o concepto terminado.
  9. Práctica guiada. El autor pone de ejemplo a un técnico de informática que nos enseña por primera vez a manejar un ordenador. De ese ejemplo concluye que, en general, no podemos pedir a nuestros alumnos que realicen algo por primera vez sin haber respetado un tiempo de práctica guiada en clase. Como siempre, el grado de ayuda y su duración es la clave, pero no podemos obviar este importante paso: hazlo primero con ellos.
  10. Dilo mejor,una estrategia sencilla que se basa en pedir a la alumna o alumno esto mismo: dilo mejor. No conformarse con respuestas mediocres y además trabajar la expresión oral. Explícalo mejor, más ampliamente, pon un ejemplo… frases que exigen un esfuerzo beneficioso a los estudiantes.

Feedback y revisión

  1. Feedback verbal: ha de ser específico y claro, enfocado a la tarea y no al alumno para marjoram el desempeño en la misma, bien explicado, diseñado para atribuir los resultados a fa stores que el estudiante puede controlar y por último diseñado para vincular resultados con esfuerzo. Trabajaremos mucho más este punto cuando hablemos del libro de Dylan Wiliam.
  2. Docentes que responden. En mi opinión, una de las claves que unen este libro con el que comentamos de Graham Nuthall. Docentes que se adaptan a las situaciones y los alumnos, que tienen un abanico de estrategias diferentes. Que no van a piñón fijo con una idea, método o actividad y la aplican siempre igual y pase lo que pase. Docentes que mejoran en un diálogo con la realidad, por encima de clichés.
  3. Poniendo notas: sé austero. Un gran consejo que parece obvio pero yo, al menos, lo cometo. Rellenamos de anotaciones poco claras y a veces algo abstractas el trabajo de nuestros alumnos, y muchas veces ni las leen. Por ejemplo, poner doble tick en las partes mejores, y un aspa de n las peores. El alumno luego trabaja con ello, por ejemplo redactando de nuevo las peores partes y enseñando a sus compañeros sus partes mejores. 
  4. Feedback de toda la clase. Podemos comentar las concepciones erróneas más frecuentes, o las faltas de ortografía más repetidas. O el método ideal para solucionar un problema. 
  5. Cerrando el hueco entre lo que el estudiante medio ha producido y lo que podría producir si actúa según el feedback que le estamos dando. Por tanto, se trata de lograr el perfeccionamiento mediante un tiempo de trabajo en aquello que les hemos dado feedback. No vale con decírselo mejor, o escribir menos, deja tiempo en tu clase para que los alumnos puedan trabajar con aquello que les has dicho.
  6. Enseña para la memoria, sabiendo cómo funciona. Tenéis una estrategia parecida a nuestra entrada anterior y por tanto no me detendré en esto.
  7. Revisión diaria, semanal y mensual. Como ya hemos dicho, las actividades de revisión tienen que insertarse en la rutina de nuestras clases (también porque así es como retiene la memoria a largo plazo). El uso de checklists y organizadores del conocimiento, hechas por los propios estudiantes, ayuda a tener claras las cosas que hay que revisar. El método de revisión también debe ser conocido por los alumnos, para que siempre se trate de actividades de revisión con el menor estrés posible.
  8. FACE it, así sin traducir. Se trata de una estrategia propuesta por la pareja del autor, Deb O’Connor. F de facts, hechos. Recuerda los hechos más relevantes. Luego A, aplica estos hechos en contextos nuevos, para no reducir todo a los hechos. C de conecta con otras ideas, vinculando diferentes temas y materias. Y E de Exam Practice, proponiendo posibles preguntas de examen que permitan a los alumni’s valorar su nivel de comprensión y aprendizaje. 
  9. Aprendiendo de corazón. La repetición de un poema supone un paradigma de lo que se le critica a la educación tradicional, porque aupone un ejercicio de memorización aparentemente inútil. .Pero si el poema significa algo para nosotros, lo vinculamos a una emoción, aprenderlo de memoria puede ser algo muy hermoso. Enseñemos a nuestros alumnos a aprender las cosas de corazón.
  10. Los deberes como estudio guiado. El tema de los deberes es un asunto complicado, especialmente para los estudiantes más pequeños o los que tienen dificultades. Si estos alumnos no tienen ayuda en casa se atascan y los deberes crearán condiciones para la desmotivación y el impacto negativo. Por ello al autor propone que los deberes sean herramientas para que los alumnos puedan aprender a estudiar independiemente.  Los deberes han de serr sólo estructuras que apoyen su propio y privado hábito de estudio. La clave es estar seguro de que todos tienen las herramientas necesarias cuqndo abandonan las clases, para no fiarlo todo a la ayuda que puedan recibir en casa.

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