Descubriendo cómo funciona la motivación: estrategias en el aula. Parte I

Esta entrada está basada en el libro “Motivated Teaching” de Pepps Mccrea.

¿Por qué motivación?

“La educación es obligatoria, pero el aprendizaje no”. Mary Kennedy

La motivación importa, especialmente en la escuela. Cuando los alumnos están motivados, prestan más atención, se refuerzan más, persisten por más tiempo, y son capaces de trabajar de manera más independiente. 

Por el otro lado, cuando no hay motivación se distraen con facilidad, intentar ir a lo mínimo, y requieren una vigilancia constante para terminar la actividad. En resumen, aprenden menos.

Queda claro por tanto que la motivación influencia el comportamiento, pero también la satisfacción y el bienestar de alumnos y docentes. Es algo que deberíamos desear profundamente. 

Pero aquí el autor nos avisa: la raíz de las dificultades para motivar no es una falta de compromiso, sino una falta de claridad. Nos referimos a que la motivación no es fácil de comprender. Para decirle simplemente: la motivación es la decisión de “poner atención”, una atención que como experimentamos, es limitada. Desde este punto de vista, la motivación también puede definirse como el sistema mental que elige, de todas las oportunidades disponibles, a qué dedicamos la atención (podéis leer “Cognitive load as a motivational cost”, de Feldon, como lectura complementaria).

Esta definición la convierte en algo tangible, porque apunta directamente al aprendizaje: prestamos atención a lo que nos motiva. 

¿Cómo determina nuestra sistema de motivación dónde colocar nuestra atención? De manera muy simple, analiza las oportunidades y predice las que nos llevarán a una mayor relación beneficio/coste. Es decir:

  1. Valor: ¿qué beneficios tengo si invierto mi atención? 
  2. Expectativa: ¿qué posibilidades tengo de conseguir esos beneficios?
  3. Coste: ¿cuánta atención y esfuerzo necesitaré?

Por tanto aquello que ofrezca el máximo valor y expectativa y el menor coste, es a lo que enfocaremos nuestra atención. 

Desde este modelo, la motivación no sólo influye en la opción inicial sino también durante la tarea. Por eso la persistencia y el esfuerzo son, para este autor, productos de la motivación. Cuanto más motivados estemos con algo, más esfuerzo dedicaremos a ello. 

Otro aspecto interesante de la motivación es que resulta, muchas veces, inconsciente. Como hay múltiples oportunidades, utilizamos “reglas heurísticas”, generales. Por ejemplo, en lugar de calcular cada posibilidad de éxito, utilizamos como referencia un éxito anterior: ¿qué conseguí la última vez que hice esto? Otro ejemplo consiste en observar qué hace la gente a nuestro alrededor, sobre todo cuando el valor no está claro: “Todo el mundo está teniendo dificultades con la actividad… yo ni la empieza”.

Nuestras reglas heurísticas se alimentan de emociones. Las emociones suponen una fuerza tan poderosa que pueden superar a las decisiones a las que llegamos deliberadamente, poniéndonos en la tesitura de hacer cosas que no habríamos elegido de hacerlo conscientemente. Esta tensión es la base de nuestra relación de amor-odio con el chocolate, por ejemplo.

Conclusiones

Una de las implicaciones más importantes de esta entrada es que la motivación es una respuesta específica a las oportunidades a nuestro alcance, más que un carácter general de nuestra personalidad. Una alumna que no está motivada para las matemáticas puede estarlo mucho para el Minecraft. Incluso esta última motivación puede cambiar en función del contexto y los potenciales beneficios alternativos (por ejemplo, si la alternativa es salir con los amigos).

Esta especificidad situacional es la razón por la que los carteles motivacionales rara vez consiguen algo. Persiguen un cambio general en la motivación, lo que difícilmente compensará el sacrificio de dedicar una hora de la tarde a las leyes de Newton.

La dificultad de la que enseñamos en la escuela es que, casi siempre, tiene un valor que no es obvio ni inmediato. Por eso es difícil conseguir motivación para ello. De hecho, no deberíamos esperar que los alumnos llegaran con motivación, sino anticipar que esto puede suceder y elegir estrategias para solucionarlo. Debemos de tener una “proactividad persistente” para construir motivación en cada clase.

En las siguientes entradas veremos cómo podemos lograr esto.

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