CB: La importancia del lenguaje en la gestión del comportamiento

Recomiendo leer

¿Existe una fórmula?

Decía Epícteto en sus Discursos: “Primero aprende el significado de lo que dices, y luego habla”. Desarrollar habilidades en este sentido no sólo implica elegir bien las palabras o las frases. Lo que importa es nuestra intención: si lo hacemos con respeto y confianza, esa intencionalidad necesita expresarse a través de nuestro lenguaje. Éste es, obviamente, dinámico y contextualizado. Es la esencia de una relación positiva y en la que se pueda trabajar.
 
Siempre que hablamos con un alumno (o varios) en cualquier contexto, Bill Rogers nos invita a buscar:
  • Conectar con la conciencia del comportamiento, y su “propiedad” (su comportamiento es suyo, de nadie más)
  • Enfatizar el derecho de los otros a sentirse seguros, a aprender sin disrupciones, a dar y esperar respeto y justicia en las relaciones.
  • Buscar la construcción de relaciones cooperativas en un entorno de aprendizaje.
La gestión del comportamiento nunca es un fin en sí mismo. Su horizonte es permitir al alumno ser consciente de su comportamiento con respecto a los derechos de los demás.

Algunos principios importantes

  1. Mantener la interacción correctiva lo menos intrusiva posible. Un gesto, una indicación incidental y descriptiva, un recordatorio. La intrusión debe usarse sólo cuando todo lo anterior no ha funcionado.
  2. Evitar la confrontación innecesaria. Esto incluye avergonzar, el sarcasmo (muy tentador a veces), y cualquier indicativo de hostilidad intencionada o comunicación amenazante.
  3. Re-establecer la relación positiva con el alumno tan rápido como sea razonable. Incluso una pequeña visita al pupitre del alumno para preguntarle cómo va su trabajo es una señal de que para nosotros sigue siendo nuestro alumnos y estamos ahí para ayudarle.

Revisando la forma de conseguirlo

Igual que al autor en su libro, recordamos ahora tres estrategias que ya hemos explicado en entradas anteriores. Primero, el “tactical ignoring” o ignorar algunos comportamientos secundarios cuyo único fin es poner a prueba su capacidad de llamar la atención. Por supuesto, depende del contexto. Nunca debemos ignorar un comportamiento repetido, o algo que afecta a la seguridad o dignidad del resto de las personas de la clase. Segundo, el “tactical pausing” o un silencio que permita enfatizar y dejar tiempo para procesar lo que hemos dicho. Tercero, el uso de gestos y pistas no verbales que transmitan un mensaje claro. El contacto visual es un elemento importante.

Además de eso, Bill Rogers recomienda el uso de lenguaje incidental. El docente recuerda al grupo o al alumno en concreto algo sin dirigirse explícitamente a ellos: “Hay algo de papeles por el suelo y el timbre va a sonar pronto…” (esto es, sabes que yo sé que tú sabes que te estoy animando a recoger tu mesa porque describo lo que estoy viendo).

Otra forma es cuando el profesor o profesora se aleja después de haber dado una indicación o recordado una norma. Nos dirigimos a otro grupo esperando que se cumpla lo que hemos indicado.

Cuando nada de esto funciona, debemos utilizar la “elección” de consecuencias. El entrecomillado es porque no es una elección libre, sino entre alternativas que nosotros, como docentes, proponemos. Son elecciones dentro de los derechos y responsabilidades de los alumnos, y permite explicitar la consecuencia directa, siempre fuera de la audiencia general de la clase. Por ejemplo (hablando al alumno en privado): “Si no puedes trabajar adecuadamente en este lugar, tendré que pedirte que cambies de sitio”. “Si eliges no guardar el iPod, tendré que pedirte que te quedes después de clase para hablar sobre tu comportamiento”. Este lenguaje no debe usarse en ningún modo como una amenaza o como yo gano/tú pierdes. Clarificamos la consecuencia y dejamos tiempo para pensar. Si el alumno no coopera, dejamos que asuma las consecuencias a su responsabilidad. No es ganar o perder, es enseñar la certeza de las consecuencias que nuestras acciones conllevan.

El autor advierte que muchas veces el alumno tratará de argumentar largamente sobre sus acciones, y ahí hay veces que debemos alejarnos de esa dinámica. Explicamos las consecuencias, y dejamos tiempo para pensar. Enzarzarse en una discusión conlleva animar al alumno a discutir más y más.

Un resumen a modo de lista

  • “Scan-focus-scan”: mira a la clase, focaliza en la actividad o en la explicación, vuelve a escanear.
  • El lenguaje correctivo, mejor breve y concreto.
  • Usa el lenguaje positivo siempre que sea posible.
  • Enfócate en el comportamiento específico, y relaciónalo con la norma relevante.
  • Evita discutir con tus alumnos, siempre vuelva al comportamiento esperado en relación a la norma que protege los derechos de los demás.
  • Deja un tiempo apropiado para dar lugar a que el alumno rectifique.
  • Ignora tácticamente los comportamientos secundarios (siempre que sea razonable), y si es repetido aplica los puntos anteriores.

Una historia real para terminar

En una clase de 8 años, Bill Rogers había recordado a Jake varias veces que bajara los pies de la mesa. Estaba ahora con los pies en alto, balanceándose en la silla. \”Jake (contacto visual y pausa táctica), pies abajo, silla recta, recuerda nuestra norma sobre la posición en clase\”. Cuando miró a otro lado para dejarle tiempo, Jake suspiró en alto. Como Bill ignoró ese comportamiento secundario, bajó los pies de la mesa dando una patada en el suelo. La segunda y la tercera vez bastó con una señal no verbal, pero el suspiro y las patadas siguieron sucediendo. 
 
Justo antes del final de la clase, le dijo: 
– Jake necesito verte un segundo después de la clase
Jake respondió con aburrimiento: ¿Para qué? No hice nada… ¡vamos! es la hora de la comida.
– No nos llevará mucho (mientras mira al resto de la clase y se despide del resto de alumnos).
Cuando se quedan solos, Jake insiste:
– ¡Vamos! ¿Qué es lo que hice? ¡No hice nada malo!
– Jake, mira sé que te sientes enfadado.
– Muy bien, ¿por qué estoy en problemas?
– Jake, no nos llevará mucho. Necesito hablar contigo acerca del modo en qué te balanceas en clase, con los pies en alto.
– ¿Qué?
– ¿Te importa si te hago una demostración, y te enseño a lo que me refiero?
– ¿Qué quieres decir…? (ahora un poco divertido)
– Sólo quiero enseñarte, en un segundo, lo que he visto en clase\”
– No me importa, haz lo que quieras (estaba menos enfadado, y me miraba con atención)
Entonces Bill Rogers va al sitio de Jake y le enseña durante menos de 30 segundos lo que Jake ha estado haciendo. “Esto es a lo que me refería”
– Es estúpido, dice Jake, riendo.
– Es verdad, es estúpido cuando lo hago yo, que soy diez veces más viejo que tú. Pero eso es lo que te veo hacer una docena de veces en mi clase. ¿Puedes ver, y sentir, lo ruidoso que es cuando sólo estamos tú y yo… Imagina lo que es cuando estamos todos juntos, aquí en clase, tratando de aprender.
– De todas formas, profe, ¿sabes cuál es mi problema? Tengo TDH, ¿sabes lo que es?
– Sí, ¿qué es para ti?
– Bueno, a veces me vuelvo un poco loco, el otro día lancé mis libros y le di una patada a la silla.
– Bueno, hoy no te ha pasado eso. (Siempre focalizamos en el comportamiento que hemos visto en esa sesión, no hace semanas…)
Entonces Jake cuenta que está tomando medicación. Entonces Bill le pregunta si la medicación le enseña cómo sentarse en clase.
– ¿Eh?
– Sí, te pregunto si la medicación te enseña cómo sentarte en clase.
– No… ¿qué quieres decir?
– Jake, tomar pastillas no puede enseñarte a hacer nada. Tú tienes que decidir cómo te comportarás. Mi trabajo es ayudarte a sacar lo mejor de ti en tu tiempo como miembro de mi clase, y tu trabajo es decidir cómo vas a cooperar en ella. 
Luego tuvimos una pequeña charla recordando nuestras normas sobre el respeto y el aprendizaje en clase. Hemos hablado menos de diez minutos.
– Jake, gracias por quedarte.
– No tenía elección, ¿o no? Si no me hubiera quedado me habrías molestado…
– Yo no molesto, Jake. Te veo el jueves.
 
El desenlace es que Jake tuvo más incidentes en más clases, y entonces se decidió tomar una respuesta colegiada entre todos los profesores (haremos una entrada específica sobre este punto). Lo importante de este ejemplo es que se ha mantenido el respeto y la dignidad de Jake, se le han clarificado las normas y sus consecuencias, y se ha enfatizado que él es dueño de su propio comportamiento.

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