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¿Por qué algunas alumnas y alumnos se enfrentan con confianza a los desafíos del aprendizaje mientras que otros los evitan o se rinden rápidamente? La respuesta puede estar, en parte, en la teoría de la autoeficacia, basada en las ideas de Albert Bandura, un autor del que ya hemos hablado mucho en el blog. Esta teoría, denominada por el mismo autor la Teoría Cognitiva Social, sugiere que la creencia en la propia capacidad para realizar una tarea influye directamente en el esfuerzo que se invierte en ella, la persistencia ante los obstáculos y el nivel de aprendizaje alcanzado.
En esta entrada exploraremos qué es la autoeficacia, sus principales fuentes y, lo más importante, cómo puede aplicarse en la enseñanza para ayudar al alumnado a desarrollar la confianza en su propio aprendizaje.
La Teoría de la Autoeficacia: «Creo que puedo, por lo tanto, lo intento»
Bandura definió la autoeficacia como la creencia en la propia capacidad para organizar y ejecutar acciones necesarias para alcanzar un objetivo. Es decir, si una persona cree que puede lograr algo, lo intentará con más determinación; si cree que no puede, es probable que ni siquiera lo intente. Una parte fundamental es el establecimiento de metas, algo que ya hemos desarrollado en otros lugares del blog, por ejemplo, aquí.
Esta teoría es parte de un marco más amplio, la Teoría Social Cognitiva, que enfatiza cómo las personas aprenden a través de la observación, la experiencia y la interacción con el entorno.
Las Cuatro Fuentes de la Autoeficacia
La percepción de autoeficacia se construye a partir de cuatro fuentes principales, que desarrollamos junto a las implicaciones para el aula:
1. Experiencia de dominio (Mastery experience)
Es la fuente más influyente de autoeficacia. Se basa en los éxitos previos: cuando una persona logra algo, su confianza en futuras tareas similares aumenta. Por el contrario, el fracaso repetido sin orientación puede debilitar la autoeficacia.
En el aula: Diseñar actividades con una progresión adecuada de dificultad permite que el alumnado acumule experiencias de éxito. Un ejemplo sería empezar con ejercicios guiados y poco a poco fomentar la autonomía. En aprendizaje de idiomas, empezar con frases de ejemplo antes de pedir la producción autónoma de diálogos. En educación física, antes de aprender una secuencia de movimientos compleja, se practican sus partes individuales.
2. Experiencia vicaria (Vicarious experience)
Se refiere al aprendizaje por observación. Si una alumna ve a alguien similar a ella tener éxito en una tarea, su confianza en que también puede lograrlo aumenta.
En el aula: Este tipo de experiencia se puede aprovechar estratégicamente para mejorar la autoeficacia del alumnado. Por ejemplo, mostrar a una compañera resolviendo con éxito un problema matemático puede hacer que otras se sientan más capaces de intentarlo (por eso es tan importante hablar de mujeres matemáticas). De manera similar, en educación física o en el laboratorio de ciencias, un docente puede pedir a una persona que realice una demostración mientras el resto observa y luego deben intentar replicarla. Además, compartir historias inspiradoras de personas con antecedentes similares que han superado dificultades y logrado el éxito en una determinada tarea puede fortalecer la autoeficacia del alumnado. En definitiva, la experiencia vicaria en el aula es más efectiva cuando se ofrecen modelos con los que el alumnado pueda identificarse y ver el éxito como algo alcanzable.
3. Persuasión verbal (Verbal persuasion)
Las palabras de aliento pueden reforzar la creencia en la propia capacidad. Cuando un docente o un compañero dice «Sé que puedes hacerlo», puede aumentar la motivación de quien recibe el mensaje, siempre que este sea sincero y tenga un apoyo en algo real.
En el aula: Proporcionar retroalimentación específica y alentadora. En lugar de decir «buen trabajo», es más efectivo decir «hiciste un gran análisis del problema, sigue así». Por ejemplo, si una persona ha mejorado su redacción en un ensayo, en lugar de una simple felicitación, se le puede decir: «Lograste estructurar muy bien tus ideas en este párrafo, sigue aplicando esta organización en todo el texto». En matemáticas, si un alumno ha resuelto un problema de manera creativa, el docente puede reforzar su confianza con un comentario como: «Me gustó cómo encontraste un camino diferente para llegar a la respuesta». En educación física, si alguien muestra progresos en una técnica deportiva, se le puede señalar: «Has mejorado tu coordinación en este ejercicio». De este modo, la retroalimentación especifica se convierte en una herramienta poderosa para fortalecer la autoeficacia y mantener la motivación del alumnado.
4. Estados emocionales y fisiológicos (Somatic and emotional states)
El estrés, la ansiedad y el miedo pueden reducir la autoeficacia, ya que generan dudas sobre las propias capacidades y pueden llevar al alumnado a evitar desafíos o a rendirse ante la primera dificultad. Por el contrario, un estado emocional positivo puede fortalecer la confianza en uno mismo y favorecer un enfoque más resiliente ante el aprendizaje.
En el aula: Es fundamental crear un ambiente seguro donde el error sea visto como una parte natural del proceso de aprendizaje, en lugar de una señal de fracaso, como ya hemos dicho en entradas como esta. Cuando el alumnado percibe que cometer errores no conlleva críticas ni juicios negativos, sino que forma parte del camino hacia la mejora, es más probable que enfrente los retos con mayor seguridad y persistencia.
Para fomentar este clima de seguridad, los docentes podemos modelar actitudes positivas ante el error, normalizando expresiones como «equivocarse es una oportunidad para aprender» o compartiendo ejemplos de sus propias dificultades y cómo las han superado. Además, es útil enseñar estrategias de regulación emocional que ayuden al alumnado a gestionar la frustración y la ansiedad. También se puede animar al alumnado a identificar sus emociones y verbalizarlas, promoviendo un diálogo interno más positivo y realista.
Un resumen de bolsillo
Ahora que conocemos las fuentes de la autoeficacia, os presento las cuatro ideas para llevar en el bolsillo.
1. Diseñar tareas desafiantes pero alcanzables
Cuando el alumnado enfrenta tareas demasiado difíciles, su confianza disminuye. Por eso, es importante ajustar la dificultad de las actividades y ofrecer apoyo progresivo.
2. Promover el aprendizaje entre iguales
Las experiencias vicarias son más efectivas cuando el modelo es similar a quien observa. Fomentar el aprendizaje entre pares permite que los estudiantes vean a compañeros similares teniendo éxito.
3. Usar el lenguaje apropiado
El uso del lenguaje influye en la percepción de autoeficacia. En lugar de decir «Eres muy inteligente», que puede hacer que el alumnado tema al fracaso, se recomienda reforzar la idea de que el esfuerzo lleva al aprendizaje.
4. Regular las emociones en el aprendizaje
Las emociones negativas pueden sabotear la autoeficacia. Ayudar al alumnado a manejar la frustración y la ansiedad es clave.
La autoeficacia es un motor clave del aprendizaje. Espero que la entrada os ayude a pensar en ejemplos concretos de estas ideas en el aula.
Referencias
- Bandura, A. (1994). Self-Efficacy: The Exercise of Control. Freeman.
- Bandura, A. (1997). Social Cognitive Theory: An Agentic Perspective. Annual Review of Psychology.
- Pajares, F. (2002). Overview of Social Cognitive Theory and of Self-Efficacy. Emory University.
- Brown, L., Malouff, J., & Schutte, N. (2005). The Effectiveness of a Self-Efficacy Intervention for Helping Adolescents Cope with Sport-Competition Loss.







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