TLR Parte I: Debate innovación vs tradición

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Empezamos fuerte: debate innovación vs tradición

Una falsa opción

Todos los que nos dedicamos a la docencia vivimos más o menos intensamente este debate. Desde los que defienden que la mejor forma de enseñar es la tradicional, entendiendo este modelo como el que prioriza la transmisión de conocimiento por parte del profesor y la atención de los alumnos en el aula; a los que defienden una nueva educación con escasa importancia del contenido y un futuro dominado por aplicaciones móviles y el uso exclusivo de metodologías activas. Como siempre, posicionarse en estos temas es espinoso porque el debate se trivializa desplazándose a los extremos. ¿Qué dice nuestro libro?

Tom Sherrington enfatiza repetidamente que educar integralmente a la persona debe ir más allá del debate innovación vs tradición, y que ambos tienen un papel en la educación de los alumnos, conociendo sus diferencias en sus contextos y aplicaciones. De hecho, en varias de sus páginas describe como un engaño dañino tener que elegir entre una cosa u otra.

En mi opinión, el problema surge cuando la innovación se vende como un producto que “compro” a una empresa-gurú-celebridad educativa que me lo “vende”. Pongo las comillas pero a menudo sucede sin ellas. Son como recetas mágicas que sirven para cualquier etapa, para cualquier materia y para cualquier contexto. De esta forma lo que puede funcionar en primaria lo llevamos a secundaria, por ejemplo: ¿Sirve el mismo tipo de aprendizaje por proyectos en ambas etapas? ¿Es beneficioso en cualquier circunstancia animarles a usar un dispositivo?

Es decir, que bajo el binomio tradición/innovación se oculta la misma idea: hay cosas que no funcionan nunca y otras que funcionan siempre. Lo que ha pasado es que las cosas que funcionan y no funcionan han cambiado de lado, pero el problema es el mismo: no se comprueba la eficacia, ni se permite reflexionar a fondo sobre lo que se hace en el aula.

Por eso algunos autores proponen un término que a mí me gusta mucho: educación informada por la investigación (de ahí el nombre de este blog). Se trata de que la evidencia científica y la evidencia cotidiana nos vayan informando sobre las decisiones a tomar. También implica la reflexión (práctica reflexiva) sobre lo que ha pasado, la recogida de datos que nos permitan medir el aprendizaje y sobre todo la creación de comunidades y redes docentes que hagan de contraste a todo ello.

Por tanto, la propuesta es huir de los extremos y aceptar como óptima la propuesta de Peter Hyman de educar la cabeza, el corazón y la mano (Head, Heart and Hand):

  • Una educación académica (cabeza) que aporta a los alumnos un conocimiento profundo de los conceptos clave y las formas de pensamiento científico en matemáticas, ciencias y diseño; así como en historia y cultura. Este conocimiento ha de ser un conocimiento que empodera, que se levanta sobre “lo mejor que se ha dicho, escrito y hecho en el pasado”. Y todo ello debe ser presentado para aplicarlo a las necesidades del presente y el futuro.  
  • Una educación del carácter (corazón) que genera las experiencias y situaciones en las que los alumnos pueden desarrollar una serie de principios éticos, resiliencia, amabilidad y tolerancia.
  • Una educación basada también en el hacer (mano) que nutre la creatividad y la solución de problemas, y que da una oportunidad a los jóvenes para entender el diseño de los procesos y para aplicar sus conocimientos a situaciones nuevas. 

Por tanto, ambos autores advierten contra la tentación de despreciar el conocimiento, que forma parte del tronco de nuestros árboles en la selva del aprendizaje. A propósito de esto, puedo contar una pequeña anécdota. El otro día visitando un colegio me enseñaron unos paneles que los alumnos habían preparado en inglés reflexionando sobre su aprendizaje. La reflexión era más o menos honda, dependiendo del grupo, pero lo que llamaba la atención era el número de faltas ortográficas y la incorrecta redacción de esas reflexiones. Y me acordé de esta parte del libro. Si las dinámicas de metacognición no apoyan al conocimiento sino que lo sustituyen, se generan aprendizajes erróneos, en este caso un uso del inglés bastante malo para el nivel en el que estaban esos chavales.

Lecciones del pasado

Una vez detallado este punto, el autor también propone como modelo el de Martin Robinson en su libro Trivium 21c. En este libro el autor trata de desglosar el tipo de educación que le gustaría para su hija, y llega a la filosofía griega del trío que constituyen la Gramática, la Retórica y la Dialéctica.

  • La Gramática: conocimiento, habilidades, cultura. ¿Por qué esta pieza de arte es única? La relación entre el profesor y los chicos y chicas es clave, siendo el experto en la materia. Experto significa también vivirla con intensidad, apasionarse con ella. También incluye conectar ideas, la importancia de la visión global, y cómo los conocimientos se conectan entre sí.

  • La Dialéctica: exploración, pensamiento crítico, análisis, cuestionamiento filosófico, razonamiento. El debate, la argumentación, el alumno estableciendo y creando sus puntos de vista, mediante la explicación y la defensa de ellos.

  • La Retórica: la mirada al mundo, la creación de comunidades, las relaciones, el amor, el respeto. La gestión de sus emociones. 

Si recordáis las ideas de Graham Nuthall en HLL, la gramática correspondería al mundo de las interacciones alumno-profesor, la dialéctica al mundo interior, y la retórica al mundo de las relaciones sociales. Todo se conecta.

¿Y el currículum?

Para Tom Sherrington es imposible separar cómo se enseña de lo que se enseña. Es decir, el currículum configura una parte esencial de lo que pasa en el aula y se interrelaciona con los demás aspectos de la enseñanza. Señala también que por currículum podemos entender diferentes cosas.

Por un lado, el currículum establecido, que son los conocimientos, aptitudes y procedimientos que corresponden a cada unidad de estudio. Esta suele ser la definición estándar, pero sin embargo hay otros niveles del currículum más interesante. Por debajo del currículum establecido está el currículum impartido, que es el que los estudiantes reciben de verdad. Es el que diseña cada profesor, enfatizando una parte y diseñando sus actividades propias, de forma que es una combinación única de recursos y actividades. Como vemos, el primer currículum es el que marca la ley, pero se queda pobre a la hora de describir lo que sucede en una clase.

Además de estos dos, existe el currículum evaluado, que es la parte del currículum que los estudiantes encuentran en sus pruebas de evaluación. Al contrario de lo que se puede pensar, al ser evaluado este currículum permanecerá con más fuerza en las mentes de nuestros alumnos. Por eso hay que pensar bien cómo y qué se evalúa. Y finalmente el currículum aprendido, que es diferente en cada alumno de cada clase (ya lo demostró Nuthall). 

Conclusión

Cuando algunos gurús de la educación desprestigian el currículum, lo hacen generalmente por dos motivos. El primer motivo es porque se posicionan en la falsa dicotomía tradición vs innovación y entienden que cualquier cosa que huela a educación tradicional es mala. El segundo motivo es que entienden el currículum sólo como el currículum establecido, el que figura en la ley. Sin embargo, todos los docentes desarrollamos (o deberíamos desarrollar, desde luego) nuestro propio currículum de actividades, curiosidades, y un largo etcétera que sucede en cada clase. Y pensar bien ese currículum es importante. 

Pensar bien qué vamos a hacer, qué deseamos transmitir, qué tipo de actividades se desarrollan en una sesión, eso es el currículum también. Y por supuesto, lo que evaluamos y finalmente lo que los alumnos aprenden también constituye otro nivel del currículum al que hay que prestar mucha atención.

2 comentarios sobre “TLR Parte I: Debate innovación vs tradición

  1. Muy interesante el post, Juan, aunque en el fondo lo veo como una invitación a que trabajemos en las aulas con sentido común, dando prioridad a lo importante y aportando todo lo que como docentes podamos transmitir y contagiar por el gusto y la necesidad de aprender. Nosotros mismos somos un claro ejemplo de que hay que seguir aprendiendo…

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